27 02

Óscar era un arrogante adolescente muy seguro de sí mismo, uno de los más populares de su instituto; su cuerpo atlético, su larga cabellera oscura recogida en la nuca y su forma elegante y bien cuidada de vestir hacían de él un estudiante odiado y admirado por sus amigos y no tan amigos. Su forma de andar era balanceándose con movimientos lentos, nunca pasaba desapercibido, y el semblante serio provocaba que casi nadie se acercara — posiblemente por su conocida rebeldía y continuos enfrentamientos con profesores—. A pesar de su conocida mala fama, los exámenes los sacaba con una más que aceptable buena nota, algo que siempre sorprendía a la directora, que lo tenía por una persona oscura; de hecho, varias veces había intentado ponerse en contacto con su tía, una mujer viuda muy poco comunicativa, pero, por muchas cartas o mensajes que le había enviado, nunca había tenido respuesta.

Mina era la soprano de una coral muy conocida en la ciudad de Fraterna, donde estaba situado el instituto Brune. Había ganado varios premios por su espectacular canto y original baile; ella fue quien la fundó, al principio con gran dificultad porque nadie quería participar en algo que pensaban era antiguo y obsoleto, en una época donde los amigos de su edad solo escuchaban música electrónica, pero, por suerte, el destino quiso que un conocido cantante del momento le diera un gran empuje a la coral, cantando junto a ella uno de sus grandes éxitos y subiéndolo en todas las redes sociales.

Mina iba a la misma clase de Óscar y lo conocía muy bien, incluso durante un tiempo salieron juntos, pero cuando la pareja estaba en su mejor momento, él decidió separarse, algo que nunca entendió ni perdonó. No le quiso dar ninguna explicación; al principio, pensó que se había enamorado de otra chica, pero pasó el tiempo y él continuaba solo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había ocurrido algo que se le escapaba: el tiempo que estuvieron juntos fue maravilloso, nada que ver con el chico que ahora se cruzaba con ella en los pasillos del instituto y ni siquiera la miraba.

Todo cambió cuando entró Fran, un nuevo alumno en la clase de los dos. Ante la sorpresa de todos, nada más llegar se hizo gran amigo de Óscar, se volvieron inseparables; después de mucho tiempo, se le oía reír, dejó de meterse en problemas. Sus ya de por sí buenas notas incluso mejoraron. Mina nunca se había considerado celosa, pero esto estaba fuera de toda lógica y empezó a obsesionarse con él, empezó a seguirle y a escuchar todo lo que decía cuando pasaba junto a él por el pasillo del instituto, incluso en su propia clase aguzando el oído, pero apenas consiguió nada. Un viernes estaba comprando en el supermercado del pueblo cuando vio a Fran; sin pensárselo dos veces, se dirigió a él.

—Hola, Fran, qué casualidad. Supongo que comprando para el fin de semana, ¿no?

—¿Qué tal? Mina.— Dijo mientras la miraba como si nunca la hubiera visto en su vida—. Sí, estoy comprando un poco de leche y cereales, en casa se acabaron y me he acercado un momento al súper. Por cierto, ¿sabes que Óscar habla mucho de ti? Tenía ganas de conocerte, pero no me atrevía, pues parece que vuestra relación no acabó bien del todo.

Ella se quedó un poco perpleja al escuchar el comentario, le dieron unas terribles ganas de preguntar qué es lo que sabía exactamente.

—Me sorprende que Óscar te hablara de mí, francamente, pues parece que es él quien no quiere saber nada de mí, pero, bueno, supongo que tendrá sus razones. Quería preguntarte si podrías y querrías sustituir a un bajo de la coral; tenemos el concierto de Navidad la semana que viene. Ya de por sí somos pocos, había uno enfermo y, además, otro sufrió una caída ayer y necesito a alguien que pueda sustituirlo. Te he escuchado hablar varias veces en clase y tienes justo el tono de voz que necesitamos mientras se recupera nuestro compañero.

—Gracias por pensar en mí, pero no he cantado nunca. No creo que pueda ayudarte.

—Podríamos intentarlo. Si quieres, pásate por el teatro, allí te explico mejor lo que tienes que hacer y, si crees que puedes, nos harías a todos un gran favor.

—Dicho esto, lo cogió con cariño del brazo y le puso una carita simpática para que no pudiera negarse—. Bueno, me marcho que se me hace tarde, te espero allí —dijo sin tener una respuesta concreta

Al día siguiente, mientras Mina estaba de espaldas ensayando y corrigiendo algunas de las voces de la coral, no se dio cuenta de que estaba siendo observaba desde la puerta por Óscar.

Sintió como un escalofrío le recorría la espalda; se giró y casi de repente pudo contemplarlo más guapo que nunca. El que un día fue su pareja  iba vestido con vaqueros, camisa blanca y una americana azul acero y llevaba el pelo suelto —dándole un aire de lo más sensual—. No pudo menos que acercarse a él; sus ojos negros no dejaban de brillar mirándola mientras ella se acercaba.

—Hola, Óscar, ¿qué haces aquí?

—Fran me dijo que le invitaste, quisiera saber por qué. Te conozco, Mina, ¿qué es lo que tramas? ¿Por qué lo has invitado si en realidad lo que querías es verme a mí? ¿Me equivoco?

—Es cierto —se sinceró—. ¿Sabes, Óscar? Siempre te he querido, nunca entendí por qué me dejaste y todavía entiendo menos por qué no me diste ninguna explicación. Ahora te veo tan feliz con Fran que me da envidia y dentro de mí algo me dice que vas a hacer lo mismo con él, ¿acaso me equivoco? ¿No sería más fácil que no jugaras con nosotros y nos dijeras qué es lo que te pasa de verdad?

Óscar, sin poder contener las emociones retenidas durante tanto tiempo, rompió a llorar mientras se alejaba corriendo. Solo se le pudo escuchar entre sollozos:

—¡Tú no lo entenderías!

El primer impulso de Mina fue correr detrás de él, pero Fran no lejos de allí había sido testigo de lo que estaba ocurriendo y le cogió suavemente del brazo ante la atenta mirada de toda la coral, cuyos componentes observaban incrédulos la situación.

—Deja que se marche, Mina —le pidió Fran—.

Ya de noche, y ante una enorme luna llena, Óscar regreso un poco mas tranquilo y dirigiéndose a Mina le dijo:

—Quiero contarte qué fue lo que me pasó contigo, pero no fui capaz de explicártelo en su momento.

Fran, al escuchar las palabras de Óscar, decidió dejarlos solos para que pudieran hablar más tranquilos

—¿Te acuerdas cuando nos conocimos lo bien que lo pasábamos? Yo estaba y estoy locamente enamorado de ti, pero lo que no puedo es ser un egoísta y precisamente porque te quiero decidí no seguir contigo. Yo nací hermafrodita, no tenía ningún órgano sexual desarrollado al entrar en la adolescencia. Mi cuerpo se ha ido transformando en el de un hombre, pero también podía  haber sido en el de una mujer. No tengo sensibilidad en los genitales; nunca podré tener relaciones ni podré ser padre—. Mina lo había estado escuchando atentamente—. ¿Tú crees que hubiéramos sido felices? ¿Verdad que no? Espero que ahora lo entiendas todo.

Óscar, se llevo las manos a la cabeza y comenzó a sollozar de nuevo.

—¿Por qué no me lo dijiste? Me hubieras dado la oportunidad de decidir yo y no que tú lo hicieras por mí. Yo te quiero igual que antes, incluso más, ahora te conozco mejor, todo lo demás no me importa. —Y le abrazo como nunca lo había hecho—. ¿Fran lo sabe?

—preguntó de inmediato al acordarse de él.

—Mina, Fran es mi hermano.

Andrea More

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